Apertura del Jubileo 2025 y Santa Misa de Dedicación de la Catedral Metropolitana



RITO DE APERTURA DE LA PUERTA SANTA 
E INICIO DEL AÑO JUBILAR MMXXV

PRESIDE EL ECXMO Y RVDMO
MONS SAHID PRADO MÜLLER
ARZOBISPO DE LEÓN

En el día elegido, a la hora marcada, los fieles se reúnen en una iglesia cercana o en otro lugar apropiado. Fuera de la iglesia jubilar hacia donde se dirigirán. Si la concentración se realiza después del atardecer, se pueden usar antorchas o lámparas encendidas.

Los ministros usan vestiduras blancas. El Arzobispo lleva la capa pluvial, que se retirará después de la procesión.

CANTO DE ENTRADA
(Peregrinos de la Esperanza)

LLAMA VIVA PARA MI ESPERANZA,
QUE ESTE CANTO LLEGUE HASTA TI,
SENO ETERNO DE INFINITA VIDA,
ME ENCAMINO, YO CONFÍO EN TI.

TODA LENGUA, PUEBLOS Y NACIONES
HALLAN LUCES SIEMPRE EN TU PALABRA.
HIJOS, HIJAS, FRÁGILES, DISPERSOS,
ACOGIDOS EN TU HIJO AMADO. ℟.

DIOS NOS CUIDA, TIERNO Y PACIENTE
NACE EL DÍA, UN FUTURO NUEVO.
CIELOS NUEVOS Y UNA TIERRA NUEVA.
CAEN MUROS GRACIAS AL ESPÍRITU. ℟.

UNA SENDA TIENES POR DELANTE,
PASO FIRME, DIOS SALE A TU ENCUENTRO.
MIRA AL HIJO QUE SE HA HECHO HOMBRE
PARA TODOS, ÉL ES EL CAMINO. ℟.

Cuando el Arzobispo y los ministros llegan a los lugares que les han sido asignados, se puede cantar el Himno del Jubileo u otro himno apropiado.

Terminado el canto de entrada, el Arzobispo y los fieles, todos de pie, hacen la señal de la cruz, mientras el Arzobispo, vuelto hacia el pueblo, dice:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
℟. Amén.

Luego saluda al pueblo reunido:
El Dios de la esperanza, que, en el Verbo hecho carne, nos llena de toda alegría y paz en nuestra fe, por la acción del Espíritu Santo, esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

El Arzobispo invita a bendecir y alabar a Dios:
Nuestra alma espera en el Señor: Él es nuestro amparo y protección.
℟. Bendito sea el Señor, nuestra esperanza.

En Él se alegra nuestro corazón; en su nombre santo ponemos nuestra confianza.
℟. Bendito sea el Señor, nuestra esperanza.

Venga sobre nosotros tu bondad, porque en ti esperamos, Señor.
℟. Bendito sea el Señor, nuestra esperanza.

Luego el Arzobispo se dirige al pueblo con estas palabras:
Hermanos y hermanas, el Misterio de la Encarnación de nuestro Salvador Jesucristo, conservado en la comunión de amor de la Sagrada Familia de Nazaret, es para nosotros fuente de profunda alegría y firme esperanza. En comunión con la Iglesia universal, al celebrar el amor del Padre manifestado en la carne del Verbo hecho hombre y en el signo de la cruz, ancla de la salvación, abrimos solemnemente el Año Jubilar para nuestra Iglesia de León. Este rito es para nosotros el preludio de una rica experiencia de gracia y misericordia, siempre listos para responder a todos los que nos preguntan sobre la esperanza que hay en nosotros, especialmente en este tiempo de guerra y turbulencia. Que Cristo, nuestra paz y nuestra esperanza, sea nuestro compañero de camino en este año de gracia y consolación. El Espíritu Santo, que hoy, en nosotros y con nosotros, inicia esta obra, la complete hasta el día de Cristo Jesús.

Al final de la exhortación y tras un instante de silencio, el Arzobispo pronuncia la siguiente oración:
Oh Padre, esperanza que no decepciona, principio y fin de todas las cosas, bendice el inicio de nuestra peregrinación detrás de la cruz gloriosa de tu Hijo en este tiempo de gracia; cura las heridas de los corazones desgarrados, libera las cadenas que nos mantienen esclavos del pecado y prisioneros del odio y concede a tu pueblo la alegría del Espíritu, para que camine con renovada esperanza hacia la meta deseada, Cristo, tu Hijo y nuestro Señor. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
℟. Amén.

A continuación, el diácono proclama el Evangelio.

EVANGELIO
(Lc 9,18-22)

Confíen en Dios y confíen también en mí.

℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

 Lectura del Santo Evangelio según san Juan.
℟. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo: "No se turben; confíen en Dios y confíen también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, ¿acaso les habría dicho que voy a prepararles un lugar? Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino a donde yo voy". Tomás le dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le respondió: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie va al Padre sino por mí".

Palabra del Señor.
R/. Gloria a ti, Señor Jesús.

Después de la proclamación del Evangelio, se hace un breve silencio. A continuación, un lector recita algunos párrafos de la Bula de Proclamación del Jubileo Ordinario, elegidos entre los siguientes:

De la Bula de Proclamación del Jubileo Ordinario
Spes Gaudentes (1; 2; 5; 20; 30)

2. El Jubileo, celebrado cada veinticinco años, es un momento significativo de comunión eclesial y una oportunidad para fortalecer los lazos entre Dios y su pueblo. Pero el Jubileo de 2025 tiene un carácter especial, ya que ocurre en una era profundamente moldeada por la conectividad digital y la presencia predominante de la tecnología en la vida humana. En este contexto, la juventud, como fuerza vibrante y creativa de la Iglesia, es desafiada a asumir su papel como peregrinos de la esperanza también en Internet y en las redes sociales, convirtiéndose en sembradores del mensaje del Evangelio en todos los rincones del mundo digital, incluso aquí en Minecraft, un universo de cubos, densamente frecuentado por jóvenes de todas las razas, pueblos y lenguas.

Al final de la lectura, se coloca incienso en el incensario y el diácono inicia la procesión con estas palabras:

Diácono: Hermanos y hermanas, caminemos en nombre de Cristo: camino que nos lleva al Padre, verdad que nos libera, vida que venció la muerte.

Comienza entonces la peregrinación hasta la iglesia jubilar donde se celebrará la Misa. Al frente va el turiferario con el incensario, junto con la cruz adornada y los ministros con velas o antorchas encendidas al lado de la cruz; luego, el diácono con el Evangeliario, el Arzobispo y, detrás de él, los sacerdotes, otros ministros y los fieles con, si es el caso, antorchas o lámparas encendidas. Durante la peregrinación, el coro y el pueblo cantan la letanía de los Santos o himnos apropiados o algunos salmos (cf. Apéndice, p. 50-60) con las siguientes antífonas u otras escogidas convenientemente:

Antífona (Cf. Hb 13,8.20)
Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por siempre. A Él sea dada la gloria por los siglos de los siglos.

HIMNO A CRISTO SEÑOR DE LOS MILENIOS
(Jubileo del Año 2000)

CHRISTUS HERI ET HODIE,
FINIS ET PRINCIPIUM,
CHRISTUS ALPHA ET OMEGA,
IPSI GLORIA IN SAECULA.

(CRISTO AYER Y HOY,
PRINCIPIO Y FIN.
CRISTO ALFA Y OMEGA.
A ÉL LA GLORIA POR LOS SIGLOS.)

1. QUÉ ALEGRÍA CUANDO ME DIJERON:
"VAYAMOS A LA CASA DEL SEÑOR".
CIUDAD DE DIOS, ALZA TUS DINTELES,
DELANTE DE LOS PUEBLOS QUE A TI VIENEN.
SUENA LA TROMPETA DEL MAGNO JUBILEO;
PROCLAMA QUE JESÚS NOS HA LIBRADO.

2. SOL Y LUNA YA HAN SEÑALADO
DESDE QUE TE ABAJARAS HASTA EL HOMBRE.
SON DOS MILENIOS DE TU ENCARNACIÓN.
ASUMES NUESTRA SANGRE Y NUESTRA HISTORIA.
SUENA LA TROMPETA DEL MAGNO JUBILEO;
PROCLAMA QUE JESÚS NOS HA LIBRADO.

3. Y BENDITA ERES TÚ, MARÍA,
LA GRACIA DEL SEÑOR REPOSA EN TI.
TU DULCE SENO, VIENTRE INMACULADO
NOS DIO AL ESPERADO DE LOS SIGLOS.
SUENA LA TROMPETA DEL MAGNO JUBILEO;
PROCLAMA QUE JESÚS NOS HA LIBRADO.

4. VERBO ETERNO, TÚ, EL PREDILECTO,
ESPADA PENETRANTE DE DOS FILOS.
DIOS DE JUSTICIA Y DE MISERICORDIA,
TÚ CAMBIAS NUESTRO LLANTO EN FIESTA Y DANZA.
SUENA LA TROMPETA DEL MAGNO JUBILEO;
PROCLAMA QUE JESÚS NOS HA LIBRADO.

5. TÚ PROMULGAS UN AÑO DE GRACIA;
Y VIENES EN RESCATE DEL CAUTIVO.
ERES CONSUELO DEL MÁS ABATIDO;
DAS VISTA A LOS CIEGOS, LUZ DEL MUNDO.
SUENA LA TROMPETA DEL MAGNO JUBILEO;
PROCLAMA QUE JESÚS NOS HA LIBRADO.

6. OH, TÚ, FUEGO, VIENTO IMPETUOSO,
OH, HÁLITO AGUARDADO, SANTO ESPÍRITU,
VEN Y RENUEVA LA FAZ DE LA TIERRA.
REPLETA CON TU AMOR EL MUNDO ENTERO.
SUENA LA TROMPETA DEL MAGNO JUBILEO;
PROCLAMA QUE JESÚS NOS HA LIBRADO.

7. PADRE SANTO, A TI QUE NOS AMAS,
A TI, OH, CRISTO, NUESTRO REDENTOR,
OH, AGUA VIVA, EL GRAN CONSOLADOR,
BENDITA TRINIDAD, A TI LA GLORIA.
SUENA LA TROMPETA DEL MAGNO JUBILEO;
PROCLAMA QUE JESÚS NOS HA LIBRADO.


APERTURA DE LA PUERTA SANTA 
Y EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

Después de que todos lleguen y se acomoden, con mitra, se acerca a la Puerta Santa y, con las manos unidas, dice:
Esta es la puerta del Señor.
℟. Por esta puerta entran los justos.

Ábreme las puertas de la justicia.
℟. Entraré para dar gracias al Señor.

Entonces, recibe el báculo, golpea tres veces la Puerta Santa, deja el báculo y la abre. Luego, recibe nuevamente el báculo y, postrándose de rodillas, ora en silencio por algunos momentos.

Después, se levanta y concluye:
Por Tu gran misericordia entraré en Tu casa, Señor. Ábreme las puertas de la justicia.
℟. Me postraré en dirección a Tu templo santo.

Frente a la puerta abierta, toma la cruz que fue llevada en procesión (con la ayuda, si es necesario, de algunos ministros), la levanta y, de frente al pueblo, lo invita a venerarla con la siguiente aclamación o una similar:
¡Salve, cruz de Cristo, única esperanza!
℟. Eres nuestra esperanza, no seremos confundidos eternamente.

SANTA MISA 
CON EL RITO DE DEDICACIÓN PARA LA INSIGNE Y REAL BASÍLICA CATEDRAL METROPOLITANA DE LA ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA.

El Arzobispo, con los ministros, se dirige al presbiterio mientras los fieles ocupan sus lugares en la nave. El diácono, llegado al altar, coloca la cruz cerca del altar. El Arzobispo, al llegar al presbiterio, se quita la capa pluvial y se pone la casulla. El altar aún no está consagrado, por lo que no se besa ni se inciensa en este momento. Luego, se dirige a la cátedra.

CANTO DE ENTRADA
()


BENDICIÓN Y ASPERSIÓN CON EL AGUA

A continuación, el Arzobispo invita a la oración con estas o parecidas palabras:
Queridos hermanos, al dedicar a Dios nuestro Señor esta casa, supliquémosle que bendiga esta agua, creatura suya, con la cual seremos rociados, en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y con la cual se purificarán los muros y el nuevo altar. Que el mismo Señor nos ayude con su gracia, para que, dóciles al Espíritu Santo que hemos recibido, permanezcamos fieles en su Iglesia.

Todos oran unos instantes en silencio. Después, el Arzobispo, con las manos extendidas, prosigue:
Dios, Padre nuestro, fuente de luz y de vida, que tanto amas a los hombres, que no sólo los alimentas con solicitud paternal, sino que los purificas del pecado con el rocío de la caridad y los guías constantemente hacia Cristo, su Cabeza; y así has querido, en tu designio misericordioso, que los pecadores, al sumergirse en el baño bautismal, mueran con Cristo y resuciten inocentes, sean hechos miembros suyos y coherederos del premio eterno; santifica con tu bendición esta agua, creatura tuya, para que, rociada sobre nosotros y sobre los muros de esta iglesia, sea señal del bautismo, por el cual, lavados en Cristo, llegamos a ser templos de tu Espíritu; concédenos a nosotros y a cuantos en esta iglesia celebrarán los divinos misterios llegar a la celestial Jerusalén.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.

ASPERGES ME
(Gregoriano)

ASPERGES ME, DOMINE, HYSSOPO ET MUNDABOR,
LAVABIS ME, ET SUPER NIVEM DEALBABOR.

PS. 50 MISERÉRE MÉI, DÉUS,
SECÚNDUM MÁGNAM MISERICÓRDIAM TÚAM.

GLÓRIA PÁTRI, ET FÍLIO,
ET SPÍRITUI SÁNCTO:
SICUT ÉRAT IN PRINCÍPIO,
ET NUNC, ET SEMPER,
ET IN SÆCULA SÆCULÓRUM. 
℟. AMEN.

Luego de la aspersión, volviendo a la cátedra, el Arzobispo dice:
Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su reino.
℟. Amén.

GLORIA
(De Angelis)

GLORIA IN EXCELSIS DEO
ET IN TERRA PAX HOMINIBUS BONAE VOLUNTATIS.

LAUDAMUS TE, BENEDICIMUS TE, ADORAMUS TE, GLORIFICAMUS TE,
GRAZIAS AGIMUS TIBI PROPTER MAGNAM GLORIAM TUAM.
DOMINE DEUS, REX COELESTIS, DEUS PATER OMNIPOTENS.

DOMINE FILI UNIGENITE, JESU CHRISTE;
DOMINE DEUS, AGNUS DEI, FILIUS PATRIS;
QUITOLIS PECCATA MUNDI, MISERERE NOBIS;
QUITOLIS PECCATA MUNDI, SUSCIPE DEPRECATIONEM NOSTRAM;

QUOQUE ADSIT EX DEXTERA PATRIS, MISERERE NOBIS.
QUONIAM TU SOLUS SANCTUS, TU SOLUS DOMINUS,
TU SOLUS ALTISSIMUS, JESU CHRISTE,
CUM SANCTO SPIRITU IN GLORIA DEI PATRIS. 

℟. AMEN.

ORACIÓN COLECTA

Terminado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice: 
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:  
Dios todopoderoso y eterno, derrama tu gracia sobre este lugar y socorre a cuantos en él te invocan; que el poder de tu palabra y de los sacramentos fortalezcan aquí el corazón de todos los fieles. Por nuestro Señor Jesucristo tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
(Neh 8, 2-4a. 5-6. 8-10)

Leyeron el libro de lo Ley, explicando su sentido

Lectura del libro de Nehemías.

En aquellos días, el día primero del mes séptimo, el sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la comunidad: hombres, mujeres y cuantos tenían uso de razón. Leyó el libro en la plaza que está delante de la Puerta del Agua, desde la mañana hasta el mediodía, ante los hombres, las mujeres y los que tenían uso de razón. Todo el pueblo escuchaba con atención la lectura del libro de la ley.
El escriba Esdras se puso en pie sobre una tribuna de madera levantada para la ocasión.
Esdras abrió el libro en presencia de todo el pueblo, de modo que toda la multitud podía verlo; al abrirlo, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo respondió con las manos levantadas:
«Amén, amén»
Luego se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.
Los levitas leyeron el libro de la ley de Dios con claridad y explicando su sentido, de modo que entendieran la lectura.
Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras, y los levitas que instruían al pueblo dijeron a toda la asamblea:
«Este día está consagrado al Señor, su Dios No estén tristes ni lloren» (y es que todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley).
Nehemías les dijo:
«Vayan, coman buenos manjares y beban buen vino, e inviten a los que no tienen nada preparado, pues este día está consagrado al Señor. ¡No se pongan tristes; el gozo del Señor es su fuerza!».

Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
(Sal 18)

℟. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. ℟.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. ℟.

El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. ℟.

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, Roca mía, Redentor mío. ℟.

SEGUNDA LECTURA
(Heb 12, 18-19. 22-24)

Ustedes se han acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo

Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos:
No se han acercado a un fuego tangible y encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni al estruendo de las palabras, oído el cual, ellos rogaron que no continuase hablando. 
Ustedes se han acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a las miríadas de ángeles, a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a la perfección, y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la
aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Ez 37, 27)

℟. Aleluya, aleluya, aleluya.

Tendré mi morada junto a ellos -dice el Señor,
yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

℟. Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
(Jn 4, 19-24)

Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad

℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

 Lectura del Santo Evangelio según san Juan.
℟. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, una mujer samaritana dijo a Jesús:
«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
Jesús le dice:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. ustedes adoran a uno que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

℣. Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.

Luego se hace la homilía.

Terminada la homilía, se dice el Credo. En cambio, se omite la oración de los fíeles, ya que en su lugar se cantan las letanías de los santos:
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, 
En las palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan. 
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pílato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reíno no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

ORACIÓN DE DEDICACIÓN Y UNCIONES

LETANÍAS DE LOS SANTOS

Después, el obispo invita al pueblo a orar, con estas u otras palabras parecidas:
Oremos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, quien de los corazones de los fieles ha hecho para sí templos espirituales, y juntemos nuestras voces con la súplica fraterna de los santos.

Entonces, se cantan las letanías de los santos, a las que todos responden. En ellas se añadirán, en sus sitios respectivos, las invocaciones del titular de la iglesia, del patrono del lugar y, si es del caso, de los santos cuyas reliquias se van a colocar. Se pueden añadir también otras peticiones conforme a la naturaleza especial del rito y a la con­dición de los fíeles.

Acabadas las letanías, el obispo, con las manos extendidas, dice:
Te pedimos, Señor, que, por la intercesión de la santa Virgen María y de todos los santos, aceptes nuestras súplicas, para que este lugar que va a ser dedicado a tu nombre sea casa de salvación y de gracia, donde el pueblo cristiano, reunido en la unidad, te adore con espíritu y verdad y se construya en el amor. 
Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén.

El obispo vuelve a ponerse la mitra.

Si no se colocan las reliquias de los santos, el obispo dice en seguida la oración de dedicación, como se indica más adelante.

ORACIÓN DE DEDICACIÓN

Hecho lo anterior, el obispo, de pie y sin mitra, junto a la cátedra o junto al altar, dice en voz alta:
OH Dios, santificador y guía de tu Iglesia, celebramos tu nombre con alabanzas jubilosas, porque en este día tu pueblo quiere dedicarte, para siempre, con rito solemne, esta casa de oración, en la cual te honra con amor, se instruye con tu palabra y se alimenta con tus sacramentos.

Este edificio hace vislumbrar el misterio de la Iglesia, a la que Cristo santificó con su sangre, para presentarla ante sí como Esposa llena de gloria, como Virgen excelsa por la integridad de la fe, y Madre fecunda por el poder del Espíritu.

Es la Iglesia santa, la viña elegida de Dios, cuyos sarmientos llenan el mundo entero, cuyos renuevos, adheridos al tronco, son atraídos hacia lo alto, al reino de los cielos.

Es la Iglesia feliz, la morada de Dios con los hombres, el templo santo, construido con piedras vivas, sobre el cimiento de los Apóstoles, con Cristo Jesús como suprema piedra angular.

Es la Iglesia excelsa, la Ciudad colocada sobre la cima de la montaña, accesible a todos, y a todos patente, en la cual brilla perenne la antorcha del Cordero y resuena agradecido el cántico de los bienaventurados.

Te suplicamos, pues, Padre santo, que te dignes impregnar con santificación celestial esta iglesia y este altar, para que sean siempre lugar santo y una mesa siempre lista para el sacrificio de Cristo.

Que en este lugar el torrente de tu gracia lave las manchas de los hombres, para que tus hijos, Padre, muertos al pecado, renazcan a la vida nueva.

Que tus fieles, reunidos junto a este altar, celebren el memorial de la Pascua y se fortalezcan con la palabra y el cuerpo de Cristo.

Que resuene aquí la alabanza jubilosa que armoniza las voces de los ángeles y de los hombres, y que suba hasta ti la plegaria por la salvación del mundo.

Que los pobres encuentren aquí misericordia, los oprimidos alcancen la verdadera libertad, y todos los hombres sientan la dignidad de ser hijos tuyos, hasta que lleguen, gozosos, a la Jerusalén celestial.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.

UNCIÓN DEL ALTAR Y LOS MUROS DE LA IGLESIA

Luego, el obispo se quita, si es necesario, la casulla y toma un gremial, va al altar con los diáconos y otros ministros, uno de los cuales lleva el recipiente con el crisma, y procede a la unción del altar y de los muros de la iglesia, tal como se describe más adelante.

Si el obispo quiere asociarse, en la unción de los muros, a algunos de los presbíteros que concelebran con él el rito sagrado, terminada la unción del altar, les entrega los recipientes con el sagrado crisma y procede con ellos a realizar las unciones.

El obispo puede encomendar también esta unción de los muros a los presbíteros para que la hagan ellos solos, en cuyo caso, después de la unción del altar, les hace entrega de los recipientes con el santo crisma.

El obispo, de pie ante el altar, dice en voz alta:
El Señor santifique con su poder este altar y esta casa que vamos a ungir, para que expresen con una señal visible el misterio de Cristo y de la Iglesia.

Luego, vierte el crisma en el medio y en los cuatro ángulos del altar, y es aconsejable que unja también toda la mesa.

A continuación, unge los muros de la iglesia, signando con el santo crisma las doce o cuatro cruces adecuadamente distribuidas, con la ayuda, si se juzga oportuno, de dos o cuatro presbíteros.

Si ha encomendado la unción de los muros a los presbíteros, éstos, cuando el obispo ha terminado la unción del altar, ungen los muros de la iglesia, signando las cruces con el santo crisma.

Mientras, se entona el SALMO 84

Terminada la unción del altar y de los muros de la iglesia, el obispo regresa a la cátedra y se sienta. Los ministros le traen lo necesario para lavarse las manos. Luego, se quita el gremial y se pone la casulla. También los presbíteros se lavan las manos después de ungir los muros. 

INCENSACIÓN DEL ALTAR Y DE LA IGLESIA

Después del rito de la unción, se coloca sobre el altar un brasero para quemar incienso o aromas, o, si se prefiere, se hace sobre el altar un montón de incienso mezclado con cerillas. El obispo echa incienso en el brasero o con un pequeño cirio que le entrega el ministro enciende el montón de incienso, diciendo:
Suba, Señor, nuestra oración como incienso en tu presencia y, así como esta casa se llena de suave olor, que en tu Iglesia se aspire el aroma de Cristo.

ILUMINACIÓN DEL ALTAR Y DE LA IGLESIA

Terminada la incensación, algunos ministros secan con toallas la mesa del altar y la tapan, si es necesario, con un lienzo impermeable; luego, cubren el altar con el mantel y lo adornan, según sea oportuno, con flores; colocan adecuadamente los candelabros con los cirios requeridos para la celebración de la misa y también, si es del caso, la cruz.

Después, el diácono se acerca al obispo, el cual, de pie, le entrega un pequeño cirio encendido, diciendo en voz alta:
Brille en la Iglesia la luz de Cristo para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad.

Luego, el obispo se sienta. El diácono va al altar y enciende los cirios para la celebración de la eucaristía.

Entonces, se hace una iluminación festiva: se encienden todos los cirios, las candelas colocadas donde se han hecho las unciones y todas las lámparas de la iglesia, en señal de alegría.

Luego sigue la Liturgia Eucarística, como de costrumbre.

LITURGIA EUCARÍSTICA

CANTO DE OFERTORIO
(Ubi Caritas)

UBI CARITAS ET AMOR, DEUS IBI EST.
CONGREGAVIT NOS IN UNUM CHRISTI AMOR.
EXSULTEMUS, ET IN IPSO JUCUNDEMUR.
TIMEAMUS, ET AMEMUS DEUM VIVUM.
ET EX CORDE DILIGAMUS NOS SINCERO.
UBI CARITAS ET AMOR, DEUS IBI EST.
CONGREGAVIT NOS IN UNUM CHRISTI AMOR.
CHRISTI AMOR. AMEN.

Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al sacerdote y al pueblo.

Después, de pie en el centro del aftar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Luego el Sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:  
Acepta, Señor, las ofrendas que la Iglesia te presenta con gozo, para que tu pueblo, reunido en este lugar santo, alcance por estos sacramentos la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén. 

PREFACIO
El misterio del Templo de Dios, que es la Iglesia

℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio, con las manos extendidas:  
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

Porque en la casa visible que nos has concedido construir, donde proteges sin cesar a la familia que peregrina hacia ti, manifiestas y realizas de manera admirable el misterio de tu comunión con nosotros.

Aquí vas edificando para ti aquel templo que somos nosotros, y haces que Iglesia, extendida por toda la tierra, crezca sin cesar como Cuerpo del Señor, hasta que la lleves a su plenitud, en la Jerusalén del cielo, visión de paz.

Por eso, te celebramos en el templo de tu gloria, y con la multitud de los coros bienaventurados te bendecimos y glorificamos, diciendo:

SANCTUS
(De Angelis)

SANCTUS, SANCTUS, SANCTUS DOMINUS DEUS SABAOTH.
PLENI SUNT CAELI ET TERRA GLORIA TUA.

HOSANNA IN EXCELSIS.
BENEDICTUS QUI VENIT IN NOMINE DOMINI.
HOSANNA IN EXCELSIS.

PLEGARIA EUCARÍSTICA I
O CANON ROMANO

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:  
CP: PADRE misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, 

Junta las manos y dice: 
que aceptes 

Traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
y bendigas  estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, 

Con las manos extendidas, prosigue: 
ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa Clemente, conmigo, indigno siervo tuyo, y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

Conmemoración de los vivos
C1: Acuérdate, Señor, de tus hijos [N. y N.

Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar. 
Después, con las manos extendida, prosigue: 
y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a tí, eterno Dios, vivo y verdadero.

Conmemoración de los Santos
C2: Reunidos en comunión con toda la Iglesia, para celebrar el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, [Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Comelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián] y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. 
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

Con las manos extendidas, prosigue:
CP: Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos, y de toda tu familia santa, que han edificado con infatigable esfuerzo este trabajo y te lo han dedicado en honor de la Bienaventurada Virgen María.

Extendiendo las mano sobre las ofrendas, dice: 
CC: Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor. 

El cual, la víspera de su Pasión, 

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan en sus santas y venerables manos, 

Eleva los ojos. 
y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue: 
Del mismo modo, acabada la cena, 

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice: 
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
℟. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven , Señor Jesús!

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice: 
CC: Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloría y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación. 

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquísedec.

Inclinado, con las manos juntas, prosigue: 
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Angel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, 

Se endereza y se signa, diciendo: 
seamos colmados de gracia y bendición. 

junta las manos. 
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]  

Conmemoración de los difuntos
Con las manos extendidas, dice: 
C3: Acuérdate también, Señor, de tus hijos [N. y N.], que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. 

Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
Después, con las manos extendidas, prosigue: 
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. 

Junta las manos. 
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo: 
C4: Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, 

Con las manos extendidas, prosigue: 
que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,] y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. 

Junta las manos. 
Por Cristo, Señor nuestro.

Y continúa: 
CP: Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.  

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. 
℟. Amén.

RITO DE COMUNIÓN

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado: 

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.  

Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 

Junta las manos. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén. 

El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, alidde: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
Dense fraternalmente la paz.

AGNUS DEI
(De Angelis)

AGNUS DEI, QUI TOLLIS PECCATA MUNDI:  
MISERERE NOBIS.

AGNUS DEI, QUI TOLLIS PECCATA MUNDI: 
MISERERE NOBIS.

AGNUS DEI, QUI TOLLIS PECCATA MUNDI: 
DONA NOBIS PACEM.

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

CANTO DE COMUNIÓN
(Oh Buen Jesús)

¡OH BUEN JESÚS!, YO CREO FIRMEMENTE,
QUE POR MI BIEN, ESTÁS EN EL ALTAR;
QUE DAS TU CUERPO Y SANGRE, JUNTAMENTE,
AL ALMA FIEL, EN CELESTIAL MANJAR.
AL ALMA FIEL, EN CELESTIAL MANJAR.

INDIGNO SOY, CONFIESO AVERGONZADO,
DE RECIBIR LA SANTA COMUNIÓN.
JESÚS QUE VES MI NADA Y MI PECADO,
PREPARA, TÚ, MI POBRE CORAZÓN.
PREPARA, TÚ, MI POBRE CORAZÓN.

PEQUÉ, SEÑOR, INGRATO TE HE OFENDIDO;
INFIEL TE FUI, CONFIESO MI MALDAD;
CONTRITO YA, PERDÓN, SEÑOR, TE PIDO,
ERES MI DIOS, APELO A TU BONDAD.
ERES MI DIOS, APELO A TU BONDAD.

ESPERO EN TI, PIADOSO JESÚS MÍO,
OIGO TU VOZ QUE DICE VEN A MÍ.
PORQUE ERES FIEL, POR ESO, EN TI CONFÍO,
TODO SEÑOR, ESPÉROLO DE TI.
TODO SEÑOR, ESPÉROLO DE TI.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se hdya hecho antes. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Por medio de los sacramentos que hemos recibido acrecienta tu verdad en nosotros, Señor, para que te adoremos sin cesar en el templo santo y nos gloriemos en tu presencia con todos los bienaventurados. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

BENDICIÓN

Después tiene lugar la despedida. El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:  
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 

El diácono dice:  
Inclínense para recibir la bendición.
 
℣. Dios, Señor del cielo y de la tierra, que los ha congregado hoy para la dedicación de esta iglesia, multiplique sobre ustedes las bendiciones del cielo.
℟. Amén.

℣. Él, que quiso reunir en su Hijo a todos los hijos dispersos, haga de ustedes templo suyo y morada del Espíritu Santo.
℟. Amén.

℣. Para que así, felizmente purificados de toda mancha, puedan tener en ustedes a Dios como huésped y poseer, con todos los santos, la herencia de la eterna dicha.
℟. Amén.

℣. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre , Hijo , y Espíritu ✠ Santo, descienda sobre ustedes y pernaezca para siempre.
℟. Amén.

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz. 
℟. Demos gracias a Dios.

Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.

CANTO DE SALIDA
(Canto a María - A. Mejía)

MI ALMA GLORIFICA AL SEÑOR MI DIOS,
GÓZASE MI ESPÍRITU EN MI SALVADOR,
EL ES MI ALEGRÍA, ES MI PLENITUD,
EL ES TODO PARA MI.

Ha mirado la bajeza de su sierva,
muy dichosa me dirán todos los pueblos,
porque en mí ha hecho grandes maravillas
el que todo puede cuyo nombre es: Santo. ℟.

Su clemencia se derrama por los siglos
sobre aquellos que le temen y le aman;
desplegó el gran poder de su derecha,
dispersó a los que piensan que son algo. ℟.

Derribó a los potentados de sus tronos
y ensalzó a los humildes y a los pobres.
Los hambrientos se saciaron de sus bienes
y alejó de sí, vacíos a los ricos. ℟.

Acogió a Israel, su humilde siervo,
acordándose de su misericordia,
como había prometido a nuestros padres,
a Abraham y descendencia para siempre. ℟.

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